02.14.08
Enfrentando el vacío
Sentir es una de las cosas más maravillosas que nos ha legado la vida, sentir el agua de un río fluyendo con fuerza entre nuestros pies, sentir ese calor profundo que surge cuando nos enamoramos, sentir la brisa del mar, sentir cariño…
Pero lo cierto es que todas estas sensaciones que desearíamos que nos acompañaran a menudo no estarán siempre presentes, se sucederán los días que no serán como esperamos. Y es ahí, cuando no se ha cumplido lo deseado, cuando sentimos que surge el vacío dentro de nosotros.
Por alguna razón, le atribuimos tal fuerza al vacío en nuestro interior que huimos de él a cualquier precio, dando por perdido un combate que no hemos librado, buscando el modo de evitarlo una y otra vez.
Entonces, temiendo el vacío, dejamos que nuestra vida se llene de cosas que creemos que deberían llenarlo, como objetos de todo tipo, personas que nos aportan relaciones que no son lo que queremos, ocupaciones para la mente que nos hacen andar en bucles alienantes, y todo tipo de trampas mentales imaginables con tal de alejarnos de ese incómodo vacío.
Sin embargo, el vacío es tan sólo la respuesta de la mente a una pregunta que se debió hacer al corazón, es el resultado de intentar obstinadamente extraer el jugo de la felicidad de lo que sabíamos tan insustancial que evidentemente estaba seco.
Un buen modo de enfrentar el vacío es dejar paso al sentir sin pretensiones, es decir, dejar que la mente se apague a veces, no darle un trabajo que no le corresponde. Dejar fluir las sensaciones, no imponer reglas a la vida, vivir atento a los pequeños milagros que se nos escapan. Dar y merecer antes de pedir, moverse y trabajar más allá de las apariencias ciertamente vacuas. Entender que no debemos forzarnos a nada, no debemos sentir, no debemos reír, no debemos soñar, no debemos ser nada, y una vez comprendido esto, sencillamente sentir, reír, soñar y ser.
La única fuente de fuerza que encuentra el vacío de nuestro interior es la que le cedemos, buscar llenarlo desesperadamente sólo potencia la idea de vacío, que se hace cada vez más y más grande. El vacío no existe, nosotros sí.